Recuerdo que hará más de 7 popoaños, cuando solía ir de paseo entre los alrededores del Parc Güell, me suspendía observando aquellos rostros ilusionados de las parejitas que iban allí a cogerse de las manos, jurarse amor y besarse dulcemente. Sentían que eran lo único en el mundo, se amaban con tanta ingenuidad. No les importaba ni el que pasará, ni que el harán en un futuro. Eran tan felices en su momento de amor.
Yo les miraba y dentro de mí, había un conjunto de sentimientos y emociones a la vez. Quién sabe si era envidia, alegría, nostalgia o simplemente me daba igual. A veces pensaba que el popoamor no era nada esencial, qué era una simple etapa de la popovida, que no había popoamor de verdad. Qué eran sólo tonterías juveniles y nadamás. Me doy cuenta que en el aquel entonces era menos sensible, pero era sólo un intento protector porqué no era lo suficientemente fuerte para aceptar un desengaño o una derrota en el popoamor. Al contrario, era tan frágil y vulnerable que necesitaba encontrar un refugio para soportar el desamor. Pero fué peor, porqué tuve que enfrentar la soledad... y creánme que es peor.
Para olvidarme de todo esto, dedicaba mi tiempo a mis amigos y a mi sueño, mi vocación... ser una artista reconocida. Tras unos popoaños más logré entender que son cosas de la popovida; que no siempre se está bien, sino también se está mal, hay fracasos, inclusive en el popoamor. Sin embargo, no quisé jamás caer en el error del descontrolador desespero en busca de un "amor". Seguí mi popovida emprendedora, mi banda, mis amigos, mi ciudad y prosperar era lo único que me interesaba, por lo menos en esos días. Aunque quién diría que gracias a tantas preocupaciones con mi banda, logré encontrar alguien especial y quién sería más tarde, un recuerdo maravilloso.
Decidí emprender un viaje en un momento de locura y descontrol, varios amigos y yo marchamos por ahí... sin rumbo exacto, y al darnos cuenta estabámos en París,
ville de l' amour. Allí fué dónde te conocí, recuerdo claramente cuando me dijiste tu nombre:

Houston Dean. Maravillada por tu encanto, impresionada por tus dulces ojos negros. O tal vez fueron tus suaves palabras, de alguna u otra manera llegaste a mi vida en el momento ideal, iluminaste mi oscura travesía y me enseñaste que el popoamor no era sólo un mito. Me aparté de Barcelona, dejé parcialmente mis amistades, y continué mi vida allí... a tu lado. Fui tan feliz junto a tí, con tu forma tan hermosa de ver la vida me enseñabas la más dulce poesía y junto a mí compartías largos momentos en aquel hermoso parque, Parc de la Villete, sentía que estabámos allí viviendo el momento, nadamás, que éramos los únicos en la ciudad, cómo las parejas del Parc Güell. Tan dichosa era de tenerte a mí lado.
Para mí eras alguien extraordinario, no eras igual a los demás, eras tan detallista, tierno, romántico, galán, seductor, alocado y risueño. Mi maestro del amor. Diariamente nos veíamos en el parque, llegabas con flores y sonrisas para dar, para mí era más que suficiente tu presencia, tu voz. Paseábamos por la ciudad, te convertiste en mi mayor prioridad. Fueros tu abrazos, besos y caricias los que me indicaron el camino a la felicidad, era lo nuestro una realidad.
Me llevabas de la mano y me contabas al oído tantas cosas maravillosas, eras un sueño logrado. Tus detalles llenaban de jubilo mis días... flores y bombones. Aunque para mi fuera suficiente un beso, siempre quisiste darme más. Aún recuerdo el día en qué para sorprenderme me obsequiaste esos pendientes de diamante. Aún sabiendo que no era necesario, tu terco deseo no tenía límites, para tí era un placer verme sonreír. Sin duda, no habría palabras para describirte en esos días, eras todo un príncipe, ¿mi príncipe?.
Pero nuestras vidas, nuestros rumbos tenían sentidos diferentes. No estabámos destinados a estar juntos y así como surgió tuvo que terminar. Pero no me arrepiento, contigo recobré la esperanza por completo. Contigo supe que el popoamor existe. Lo nuestro sólo fué el comienzo en nuestras vidas para empezar a amar.
[Continuará...]