lunes, 5 de febrero de 2007

El ABC del deseo

Al fin llego,
bordeo el contorno de tu
cuerpo, encendido, claro;
dudo si seguir por tu cuello o
escribir mis besos entre tus pechos,
flores que renacen bajo mi caricia.

Gracil, tu cuerpo se escurre,
horizonte que busco y anhelo
inquieta. Tu boca se ofrece
jadeante; tus piernas me enredan en
kilómetros de seda. Nada se parece a
la cálida bienvenida de tu pubis,
lluvia de ambar que bebo
mareada por tus perfumes.
Nunca puedo alejarme, o debo dejarme atar a la
ñapindá de tus brazos
o morir en la soledad del recuerdo.

Perdidas en el movimiento del orgasmo
que cimbra el alma,
rodamos por el lecho, suaves, sedientas,
salvajes. Grupa que montar,
torso que elástico me alcanza.

Un sismo no
virtual somos; mil
watts que explotan en
Xanadú
y que
zacean a los perros del destierro.


Bene